El Coronavirus revela lo arraigados que están los estereotipos machistas en la sociedad

Mas recursos y artículos de COVID y masculinidades

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(Publicado en The Conversation, 9 de abril de 2020)

Autores Stephen Burrell, ESRC Postdoctoral Fellow y Sandy Ruxton, Investigador Honorario, Departamento de Sociología, Universidad de Durham, Gran Bretaña. (Traducción al español por Patrick Welsh y Rubén Reyes, Puntos de Encuentro, Nicaragua con aportes de Thaïs González Capella y Miriam Alonso de España)

Lo que esto dice sobre la masculinidad. Andrew Milligan/PA Wire/PA Images

Los primeros indicios apuntan a que están muriendo más hombres que mujeres de COVID-19– aunque algunos países, incluido el Reino Unido, no están publicando datos al respecto.

Según la comunidad de personas expertas, todavía hay incertidumbre sobre cuál podría ser la explicación de esta tendencia. Puede deberse, en parte, a diferencias biológicas. Por ejemplo, existen indicaciones de que hombres y mujeres tienen una respuesta inmune diferente, y que el sistema inmunitario de los hombres puede no activarse de la misma manera que el de las mujeres para combatir el virus. Pero posiblemente las diferencias en estilo de vida y comportamiento también estén jugando su papel.

Para empezar, los hombres son más propensos a tener problemas de salud subyacentes relacionados con el COVID-19 – como la presión arterial alta, enfermedades cardiovasculares y algunas enfermedades pulmonares crónicas. Esto se debe, en parte, a que los hombres son más propensos a incurrir en conductas de riesgo como fumar, beber y consumir drogas.

Las investigaciones también parecen indicar que algunos hombres pueden tomarse la higiene personal, como el lavado de manos, con menos seriedad que las mujeres. Esto podría deberse al hecho de que la limpieza se asocia a menudo con la feminidad, las tareas domésticas y el embellecimiento.

Sin embargo, la escritora Caroline Criado-Perez también ha señalado que debido a que la mayor parte de la investigación médica se centra en los cuerpos de los hombres, hay una falta de comprensión acerca de por qué los cuerpos de las mujeres pueden ser más capaces de defenderse de este virus.

La soledad y el aislamiento social

La pandemia del COVID-19 también ha puesto de relieve los diferentes roles que todavía se espera que desempeñen los hombres y las mujeres en la sociedad: los hombres no sólo son menos propensos a cuidar de sí mismos, sino que también es menos probable que participen en el cuidado de otras personas.

Es sorprendente la cantidad de mujeres de las que se depende para realizar trabajos de cuidado mal pagados y no remunerados, ya sea para niños y niñas, personas con discapacidad, personas mayores o personas con mal estado de salud. De hecho, como efecto de la pandemia, las responsabilidades adicionales de cuidado están recayendo sobre las mujeres.

El COVID-19 nos está obligando a reflexionar sobre las condiciones humanas de fragilidad, reciprocidad e interdependencia. En contraste, las normas de género exigen que los hombres sean invulnerables, siempre fuertes y autosuficientes.

Los hombres, que también tienden a socializar más en grupos en lugares públicos, pueden tomar el distanciamiento social con menos seriedad que las mujeres. Puede que les resulte difícil aceptar que también necesitan ayuda, ya que se tiende a considerar “poco varonil” pedirla.

En particular, los hombres mayores son más propensos a sentirse solos y aislados socialmente – y esto podría ponerlos en mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental.

Los impactos de la cuarentena

Las normas de género también demandan que los hombres tengan el poder y el control. A pesar de estas normas, muchos hombres están disfrutando de la oportunidad de estar más involucrados en casa, pero hay también otros que lo han utilizado como pretexto para imponer mayor dominación y control sobre sus parejas, sus hijas e hijos.

Para muchas mujeres, niñas y niños, el hogar es el lugar más peligroso. En el Reino Unido, la Línea de Ayuda Nacional de Abuso Doméstico ha visto un aumento del 25% en las llamadas desde que comenzó el distanciamiento social, lo que pone de relieve cómo la cuarentena puede agravar la violencia doméstica y el abuso sexual.

Las páginas web de pornografía también han visto un aumento del tráfico y algunos ofrecen acceso gratuito durante la cuarentena. Activistas han advertido cómo este fenómeno, junto con una mayor dependencia de la tecnología, podría contribuir a un aumento del acoso y abuso sexual en línea.

Las respuestas al COVID-19

Las voces de los hombres dominan las respuestas gubernamentales al COVID-19, y los enfoques de muchos gobiernos están cada vez más moldeados por una política “masculinista”.

En el gobierno del Reino Unido el “gabinete de guerra”, conformado casi exclusivamente por hombres, declaró la “guerra” contra el coronavirus. Esta es una analogía problemática, ya que lo que se necesita principalmente para hacer frente al COVID-19 son las actividades de cuidado, la solidaridad social y el apoyo comunitario, en lugar de acciones de combate y de violencia.

Por otro lado, es alarmante cómo algunos líderes mundiales no han parecido tomarse demasiado en serio la pandemia, como si sus países fueran demasiado poderosos para verse afectados por la enfermedad.

Estos discursos patriarcales pueden tener graves implicaciones políticas, como alentar enfoques excesivamente militaristas, autoritarios y dar prioridad a los sectores de la economía y la sociedad dominados por los hombres. Por ejemplo, es más probable que las mujeres tengan trabajos temporales, informales o precarios, los cuales quedan fuera de los paquetes de protección económica que se están estableciendo.

Al igual que durante las crisis anteriores, también existe el peligro que los apoyos gubernamentales prioricen a las industrias consideradas las ” más fuertes para la economía” y dominadas por hombres, como son la aviación, la producción de automóviles y la construcción. Esto podría dar lugar de nuevo a que se descuiden los sectores vitales en los que las mujeres son más prominentes: como la educación, el cuidado y el comercio minorista.

Por esta razón, urge el análisis de género de las medidas gubernamentales relacionadas con el COVID- 19, y el impacto que éstas tienen en los diferentes grupos sociales. También debe haber un aumento drástico en la financiación para aquellos servicios destinados a apoyar a las personas en situación de riesgo de violencia doméstica y sexual.

De una manera más amplia, esta crisis supone una gran oportunidad para reevaluar las prioridades políticas y las relaciones de género. Ofrece la posibilidad de superar años de abandono, reconociendo la contribución esencial de las actividades de cuidado a la sociedad. Esto no sólo ayudará a alentar a los hombres a que hagan su parte, sino que contribuirá de alguna manera al cambio de las normas de género nocivas después de que la pandemia del COVID-19 haya pasado.


ENGLISH VERSION

Coronavirus reveals just how deep macho stereotypes run through society

Stephen Burrell, Durham University and Sandy Ruxton, Durham University

Early indications suggest more men are dying from COVID-19 than women – although some countries, including the UK, are not publishing data on this.

Experts are unsure exactly why this might be. It may in part be due to differences in biology. Suggestions have been made, for example, that it might be because men and women have a different immune response, and that men’s immune systems may not activate in the same way as women’s to fight the virus. But lifestyle and behaviour are also likely to play a role.

For a start, men are more likely to have underlying health problems relevant to COVID-19 – such as high blood pressure, cardiovascular disease and some chronic lung diseases. This is in part because men are more likely to engage in risky behaviour such as smoking, drinking and drug-taking.

Research also seems to indicate that some men may take personal hygiene – such as handwashing – less seriously than women. This could be due to the fact that cleanliness is often associated with femininity, domesticity and beautification.

However, the writer Caroline Criado-Perez has also pointed out that because most medical research focuses on male bodies, there is a lack of understanding about why women may be better able to fend off this virus.

Loneliness and social isolation

The COVID-19 pandemic has also highlighted the different roles men and women are still expected to play in society – men are not only less likely to take care of themselves, but also less likely to be involved in caring for others.

It is striking how much women are depended on to deliver both low-paid and unpaid care work – whether for children, disabled people, older people, or those in ill health. Indeed, the pandemic is placing additional caring responsibilities on women.


Men were also disproportionately likely to die during the Sars and Mers outbreaks, which were caused by similar coronaviruses. JHDT Productions/Shutterstock

COVID-19 is forcing people to reflect upon human fragility, mutuality and interdependence. But gender norms also require men to be invulnerable – always strong and self-sufficient.

Men, who also tend to socialise more in groups in public, may take social distancing less seriously than women. They may find it difficult to accept they need help, too – seeing it as “unmanly” to do so.

Older men in particular are more likely to experience loneliness and social isolation – and this could put them at increased risk of mental health problems.

Lockdown impacts

Gender norms also expect men to be powerful and in control. So while many men may relish the opportunity to be more involved at home, some have used it to assert more dominance and control over their partners and children.

For many women and children, the home is the most dangerous place to be. The UK’s National Domestic Abuse Helpline has seen a 25% increase in calls since lockdown began – which highlights how quarantine can compound domestic and sexual abuse.

Porn sites have also seen increased traffic and some are offering free access during lockdown. Campaigners have warned that this, along with an increased reliance on technology, could contribute to a rise in online harassment and sexual abuse.

Responses to COVID-19

Men’s voices are dominating government responses to COVID-19, and the approaches of many governments are increasingly shaped by masculinist politics.

The UK government and its nearly all male “war-cabinet”, for example, declared “war” on the coronavirus. This is a problematic analogy as what is mainly needed to tackle COVID-19 is care, social solidarity and community support – not fighting and violence.

Some world leaders on the other hand have been alarmingly dismissive of the pandemic, as if their countries were too tough to be affected by the disease.

These patriarchal discourses can have serious implications for government policy, such as encouraging overly militaristic, authoritarian approaches, and prioritising male-dominated sectors of the economy and society. For instance, women are more likely to be in temporary, informal or precarious work which falls outside the protection packages being established.

There is also a danger that, as with previous crises, government support will prioritise industries seen as “strongest for the economy” – and dominated by men – such as aviation, car production and construction. This could again result in vital sectors where women are more prominent being neglected: such as education, care and retail.

This is why there is an urgent need for gender analysis of government measures related to COVID-19, and the impact these have on different social groups. There must also be a dramatic increase in funding for services to help those at risk of domestic and sexual abuse.

But more broadly this crisis is a huge opportunity to reassess political priorities and gender relations. It offers the chance to overturn years of neglect by recognising the essential contribution of care to society. This will not only help to encourage men to play their part, but it will go some way towards shifting harmful gender norms in the aftermath of the COVID-19 pandemic.The Conversation

Stephen Burrell, ESRC Postdoctoral Fellow in the Department of Sociology, Durham University and Sandy Ruxton, Honorary Research Fellow in the Department of Sociology, Durham University

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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